Mujeres lideran fuerza productiva en serranía villaclareña

Por: Y. Crecencio Galañena León (ACN)

17 de febrero 2026

La participación femenina en las labores productivas de la serranía villaclareña, particularmente en el municipio de Manicaragua, consolida una tendencia ascendente que transforma el rostro histórico del sector agropecuario en el territorio, con mujeres asumiendo roles de liderazgo técnico y de dirección en la cadena del tabaco.

Leila Pérez Herrera, supervisora con 35 años de experiencia en la Unidad Empresarial de Base Potrero Grande adscrita a la Empresa de Acopio y Beneficio del Tabaco La Estrella, constituye un referente vivo de esta transformación.

Mi trabajo consiste en atender toda la parte fitosanitaria, las labores agrícolas y llevar los recursos hasta la finca para que no se ralentice el ritmo de las cosechas, declaró a la ACN esta profesional que atiende a 14 productores y una cooperativa en la intrincada geografía manicaragüense.

Arley López Sosa, subdirector adjunto de La Estrella en Villa Clara, confirmó que más del 50 por ciento (%) de la fuerza laboral en el sector tabacalero provincial está compuesta por mujeres, un dato que refleja la ruptura de paradigmas tradicionales en una actividad históricamente masculinizada en las zonas rurales cubanas.

Esta proporción supera el promedio nacional de participación femenina en el sector agropecuario, que según el Anuario de Cuba de la Oficina Nacional de Estadística e Información se sitúa alrededor del 23 % del total de trabajadores, evidenciando el carácter pionero de Villa Clara en la inclusión de género en este renglón productivo.

«Las mujeres no solo están presentes, sino que demuestran una capacidad técnica excepcional y un compromiso invaluable con la calidad de la capa cubana», aseguró López Sosa durante un reciente encuentro con campesinos asociados, destacando que su liderazgo se extiende desde la supervisión de campos hasta la gestión administrativa y de innovación en las unidades empresariales.

El ascenso femenino responde a una combinación de políticas institucionales de capacitación y promoción, junto con el empoderamiento individual de profesionales como Leila, quien superó barreras físicas y sociales: «Trabajé en una cooperativa de crédito y servicios llegando a Monte Oscuro, un poblado muy intrincado en la manigua y la loma; eran 16 kilómetros a pie monte adentro y el trabajo lleva sacrificios, pero no es tan difícil como para que no se pueda hacer».

Esta transformación laboral tiene profundas implicaciones sociales en comunidades serranas donde, según estudios del Centro de Estudios de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas del territorio, la incorporación femenina al empleo formal mejora indicadores de autonomía económica, participación comunitaria y toma de decisiones familiares, contribuyendo al desarrollo local integral.

La experiencia de Villa Clara, con Manicaragua como epicentro, demuestra que la plena incorporación de la mujer a las labores productivas del campo no es solo un imperativo de igualdad, sino una estrategia de eficiencia económica y sostenibilidad social para el sector agropecuario cubano, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

 



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