El sueño de una profesión no riñe con el de sembrar la tierra
En el Centro Félix Edén Aguada, de Abreus, trabajan con el compromiso de hacer las cosas bien y lograr aportar a la escuela los alimentos necesarios
Por: Julio Martínez Molina /granma.cu Foto: Miguel Adrián Rodríguez Pérez
2 de abril 2026

La producción de alimentos es una tarea común del claustro y del alumnado.
Más de 400 estudiantes del Centro Mixto Félix Edén Aguada, enclavado en la comunidad rural de San Ignacio, perteneciente al municipio de Abreus, además de modelar en esta institución sus sueños futuros de convertirse en médicos, ingenieros o maestros, también empuñan la guataca y se inclinan sobre la tierra para rescatar una tradición esencial: la producción de alimentos.
La institución acoge las enseñanzas de Secundaria Básica, Preuniversitario y Técnico Profesional. Entre todos, en este lugar han emprendido un camino decidido a revertir la inercia que, tras el periodo especial, llevó al marabú a adueñarse de los campos que antes cultivaban las escuelas.
VOLVER AL SURCO: UNA NECESIDAD
La historia no es nueva. En los años 80’ y principios de los 90’ del pasado siglo, era normal que las escuelas en el campo cubrieran una parte significativa de su sustento. El municipio de Abreus, en Cienfuegos, fue un ejemplo fehaciente de ello en esta provincia. Sin embargo, esa garantía productiva se quebró con el tiempo.
Potenciar lo que un día fue una práctica común, aunque sea en epicentros aislados como este, deviene una iniciativa con un doble propósito: económica y formativa.
Bienvenido de la Torre Blanche, director del plantel educativo, dijo que aquí trabajan con el compromiso de hacer las cosas bien y lograr aportar a la escuela los alimentos necesarios.
Tal deber es compartido por un claustro de profesores y trabajadores, radicados en su mayoría en la zona de Horquita, principal polo agrícola de Cienfuegos.
De acuerdo con Torre Blanche, ha sido fundamental la labor de todos los que se entregan a esta escuela por ocho horas o más, para que la institución sea destacada a nivel provincial en disciplina, limpieza, organización y en los resultados de las pruebas de ingreso a la Educación Superior.
Para Eduardo Calunga Barrizonte, estudiante de décimo grado, el vínculo con la tierra es natural. Explicó que en esta zona los muchachos, desde que nacen, ven la actividad agrícola como parte de su patrimonio y les gusta insertarse a ellas.
El vínculo con la tierra resulta particularmente crucial para los alumnos de la enseñanza Técnico Profesional. La profesora Yanelkis Hurtado, explicó que ellos pueden visualizar la rotación de los cultivos, las especies invasoras, los ciclos productivos, aprenden a deshojar, la distancia entre las plantas…
Hay un programa curricular en función del adiestramiento, añadió.
Con diversos reconocimientos a su labor, entre estos el Premio del Barrio que otorgan los Comités de Defensa de la Revolución, el Centro Mixto Félix Edén Aguada demuestra que retomar el surco desde una mirada de soberanía alimentaria es volver a conectar a las nuevas generaciones con la tierra y con un legado de autosuficiencia que busca escribir un nuevo capítulo, inspirado en lo mejor del pasado.
La historia no debía ser nueva, pero volver sobre lo positivo representa una buena entrada para cualquier relato. Y en el suelo ferralítico rojo de San Ignacio ese relato ya se escribe día a día, entre aulas y surcos.
