La constancia del apicultor

La apicultura cubana es un oficio que mezcla amor por las abejas con profesionalismo; apicultores como Ariel Almeida trabajan en colectivo cada día para transformar la tradición en rendimiento sostenible

Por:  Mariacarla de Guadalupe Quincosa Guerra / Sitio Web del Minag

2 de marzo 2026

“A diario hay que atender a las abejas. Atención que requiere de mucha técnica, de cambio de reina anual, quien le da vida a la colmena. El apicultor debe ser muy celoso con la limpieza y organización del panal, tratarlo como si fuera la casa de uno, es importante dejar ese animalito en buenas condiciones para que pueda producir”.

Ariel Almeida Tarifa ha sido apicultor desde los 17 años y en la actualidad acumula más de tres décadas en el oficio. Luego de tanto tiempo de trabajo periódico, obtuvo el cargo de presidente, siguiendo los pasos de su padre, de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Apícola Peralta en el municipio Jagüey Grande, Matanzas.

Almeida aspira a llegar a 49 toneladas de miel para este año, 70 kilogramos por cada una de las 700 colmenas distribuidas en 18 apiarios, con el apoyo de un total de 11 trabajadores en los que se incluyen, nueve apicultores, un económico y una encargada del transporte.

“Para mí, ser apicultor es lo más grande. Es la herencia de mi papá, mi tío y es lo que veo desde niño. Además, es el sustento de toda mi familia, de toda nuestra familia, porque todos trabajamos unidos aquí, en colectivo”.

¿Cuál es la actividad que considera más difícil?

En esta tarea todo es difícil, lo más exuberante, se podría considerar que es la transhumancia -práctica que consiste en el traslado de las colmenas de abejas desde un lugar a otro en busca de mejores condiciones de alimentación y clima-. Tenemos que cargar un camión de abejas de madrugada, llevarlo hacia la ciénaga, transportándote por ciudades y hacer todo lo posible por que no te vayan a tocar a nadie. Llevas gran riesgo, es lo más estresante de la apicultura, una tarea ardua, pero no difícil de hacer. Con empeño todo sale bien.

La UBPC Peralta es ecológica, debido a que sus apiarios se encuentran ubicados en terrenos vírgenes, sus colmenas no tienen pinturas que pueda afectar la calidad de la miel y que la abeja no recibe comida con algún tipo de químico.

¿Cómo afectan las catástrofes en su labor?

Las dos afectaciones más grandes y dolorosas que hemos tenido fueron durante el ciclón Michael, que tumbó las colmenas e incendió la Ciénaga de Zapata, de donde sale la mayor parte de la producción de miel de la provincia. Después hubo una inundación donde se nos ahogaron más de 120 colmenas en el mismo lugar.

Los apicultores tienen que realizar el traslado de colmenas con alrededor de 60 a 70 mil abejas cada una, como resultados de las floraciones a lo largo del año, lo que da paso a la culminación del ciclo productivo mediante la castración, dígase también como el momento en que se extrae el producto.

“Hubo un año en que la abeja le dio por atacarme, en una castra, y tuve una celulitis en la mano, e incluso estuve ingresado. Pero realmente es normal la picada en el apicultor. La forma de trabajar con ella es la que hace que ella no te pique, que se amanse a ti”.

¿Qué importancia le concede a su tarea?

La importancia es grande y la responsabilidad mayor. Sobre todo, al ser un recurso de exportación. Nosotros nos dedicamos de entero a la producción y a que salga la mayor cantidad de producto posible, para que el país tenga de donde obtener ingresos de nuestro reglón.

¿Qué les recomendaría a las personas que se inician esta labor?

Que se enamoren de ella, eso es lo que lleva: mucho amor y dedicación. Saber lo que necesitan, si la colmena requiere cierta inclinación para que no se le estanque el agua en el fondo, no dejarlas tiradas, siempre deben estar organizadas, lo principal es eso. El que inicie y se enamore, debe conocer de la constancia y dedicación que conlleva.

Ariel resume con sencillez lo que significa consagrar la vida a las abejas, su historia invita a reconocer y apoyar a quienes trabajan con ellas; políticas de protección ante catástrofes, acceso a insumos ecológicos y formas de hacer que pueden marcar la diferencia. Si se protege la colmena, se protege también el sustento de familias enteras y la posibilidad de que la apicultura cubana siga floreciendo.

 



Tu valoración

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (3 votos, promedio: 5,00 de 5)

¿Qué Opina Usted?

Por si acaso, su email no se mostrará