Atrevimientos de guajiro

Con iguales limitaciones que los demás, José Ruperto Machado ha sabido sacarle al suelo todo lo que este puede aportar, si se atiende con la calidad requerida

Por: Freddy Pérez Cabrera / Periódico Granma

4 de marzo 2026

Sus manos callosas y la piel curtida por el sol lo delatan. A José Ruperto Machado López de Castro desde muy temprano se le puede ver en el surco y en las disímiles tareas que realiza un hombre de campo como él, que solo va a la cama cuando no haya nada pendiente en la finca La Margot, nombre con el cual honra a su madre, una mujer noble y buena como pocas, a la que debe todo cuanto ha logrado en la vida.

Para la actual campaña, se propuso sembrar casi el doble de áreas que en la contienda anterior. Foto: Freddy Pérez Cabrera

Dada su naturaleza campesina, no le gusta ser segundo de nadie. De ahí su apego a la ciencia, la agroecología y a cuanto nuevo invento surja, que le permita obtener buenos rendimientos y los frutos que pueda extraer de la tierra.

Por los resultados alcanzados, su nombre corre de boca en boca en la carretera a Malezas y en toda la geografía villaclareña, porque con iguales limitaciones que los demás, «el Rupe» como todos lo llaman, ha sabido sacarle al suelo todo lo que este puede aportar si se atiende con la calidad requerida.

Aunque su lenguaje es el del trabajo, y cuesta muchísimo arrancarle una palabra, sin despegarse un segundo de la guataca que sostiene en sus manos, nos va hilvanando una historia digna de ser multiplicada.

«Primero me dediqué al fomento de los cultivos varios. Luego, cuando surgieron los convenios porcinos, emprendí la ceba de cerdos, en la cual me fue muy bien. Más tarde, cuando faltó el pienso, acometí un nuevo proyecto de agricultura agroecológica en áreas del hotel Villa «La Granjita», perteneciente al Grupo Cubanacán, con el que garanticé las viandas, hortalizas y vegetales que consume esa instalación y otras del sector turístico en el territorio».

Pero todo no quedó ahí. Su emprendimiento y voluntad es tal, que el año pasado decidió incursionar en el cultivo del tabaco, algo novedoso para él, por lo que se auxilió de los consejos de los vegueros más experimentados de la provincia, como Lisnel Marrero y Noel Rolando Benítez.

Con la humildad que lo caracteriza, nos dice: «Creo que no me ha ido tan mal. El año pasado, en mi primera cosecha, sembré dos hectáreas de sol en palo y media de tabaco tapado, y por la manera en que las atendí, obtuve uno de los mejores rendimientos del país, al sobrepasar las cinco toneladas por hectárea».

Para tener una idea del logro conseguido por José Ruperto, basta decir que la mayoría de los vegueros cubanos no alcanza las dos toneladas por hectárea.

Ese resultado lo ha llenado de entusiasmo para continuar creciendo en áreas en esta, su segunda campaña.

Otro indicador que confirma la valía de este veguero, es que de todo el tabaco acopiado, solo 30 kilogramos no clasificaron como de primera calidad, lo que demuestra lo bien que le ha ido al campesino de la CCS 17 de Mayo, de Santa Clara.

Para la campaña que recién acaba de comenzar, junto a Aleido Machado y Victoriano Brito, sus socios de contienda, regaron sus propios semilleros (de las variedades Corojo 2016, 2020 y 2024), e incluso se adelantaron al resto de los cosecheros a la hora de sembrar sus tierras.

Este año me comprometí a plantar cuatro hectáreas, casi el doble de la contienda anterior, y espero mantener los mismos rendimientos, tarea que no será fácil, pero tampoco imposible, expresa Ruperto, quien muestra con orgullo la calidad de las hojas que ya ha recolectado.

Acerca de sus secretos para obtener tales lauros, nos dice que todo está en dar los golpes a tiempo y con la calidad requerida. «El tabaco es una planta muy noble, pero a la que hay que hacerle lo que lleva en el momento preciso», dice, y menciona, además, lo que ha significado para la salud y el buen estado de las plantaciones, el empleo del humus de lombriz, producido por él mismo en su finca.

«Aquí origino más de 160 toneladas de humus, lo cual me permite abonar mis sembrados y vender el restante a otros productores que también lo necesitan», expone este guajiro atrevido que es referente obligado para los agricultores cubanos.



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