Entre viejos desafíos, la producción local de arroz

Por: Germán Veloz Placencia  (Periódico Granma)

22 de febrero 2026

MAYARÍ, Holguín. –Estimulado por un amigo y con voluntad para probarse en una tarea severa, el joven Adrián Herrera Gómez se incorporó el pasado año a la producción de arroz.

Sin temor a negativas, solicitó en usufructo 25 hectáreas de tierras estatales, ubicadas en los alrededores de Toma Tres, en la Zona de Juan Vicente Cinco, y las puso en explotación.

Al pasar revista a lo logrado, habla de cómo ha ido creciendo en el rendimiento agrícola. Obtuvo ganancias tentadoras, aun cuando pagó el servicio de procesamiento del cereal al molino situado en la comarca de Guaro.

Hay que insistirle para conocer que invirtió dos millones de pesos desde que inició la preparación de tierra hasta que vendió la cosecha –debido a que los insumos los compró por medio de mipyme y comerciantes del sector privado–, porque es más dado a hacer que a conversar.

Tal es así, que interrumpe el breve intercambio con Granma y se dirige a directivos de la Empresa Agropecuaria Guatemala, para poner condiciones sobre el arrendamiento de un tractor.

«¿Ustedes quieren que sea con el operador? Tiene que cumplir con la disciplina de trabajo. No aguanto a los que pierden tiempo», puntualiza, combativo.

A punto de tomar camino hacia las áreas que explota, ofrece una respuesta pendiente al reportero: «Si me dan la oportunidad, importaré un equipo. Lo más probable es que sea para cosechar».

Tiene en la mente el encuentro sostenido entre productores del municipio y el Presidente del Grupo Agrícola del Ministerio de la Agricultura, quien ha dicho que crece el número de arroceros cubanos que compra maquinaria en el exterior, resultado de la disponibilidad propia de divisas y de la agilización del apoyo estatal a los trámites pertinentes.

Movido por los resultados económicos, que confirman que no estuvo errado en la decisión de convertirse en cosechero de arroz, desea crecer en áreas, claro, en la cantidad en la que pueda explotarlas, sin afectar la rentabilidad.

FLEXIBILIDAD SIN PERDER RUMBO

Adrián es uno de los 63 campesinos dedicados en el municipio a la siembra y cosecha del cereal. Unos lo hacen de forma especializada y otros por la vía del denominado «arroz popular».

Carlos Nelson Escalona González, extensionista del Instituto de Investigaciones de Granos y coordinador del Programa Arrocero en Holguín, ve a esos productores como artífices de la progresiva recuperación del cultivo del cereal en el este de la provincia.

Recuerda que la arrancada del Programa en la zona data de 2013, cuando se empezó a dar valor de uso a inversiones agrícolas asociadas a la construcción del trasvase Este-Oeste. Desde aquel año hasta 2020, la disponibilidad de agua y de insumos hizo posible la explotación de 520 hectáreas.

«Logramos 816 toneladas de arroz consumo. Fue un hito y una experiencia nueva para la provincia, porque en Mayarí no se producía arroz a gran escala», aclara.

Escalona González retiene alentadores datos en la memoria. El año 2019 se llegó a cerrar, como promedio, con 4,26 toneladas por hectárea.  Pero hubo áreas, por ejemplo, en Juan Vicente Cinco, donde algunos productores llegaron a seis toneladas por hectárea.

El especialista se ensombrece cuando evoca el 2020.  Entonces, explica, comenzó el decrecimiento de las siembras y cosechas. La lista de productores, que llegó a sumar unos 115, se redujo notoriamente porque, si bien no faltó agua, escasearon el combustible y los insumos que demanda ampliamente el cultivo. Las conspiraciones del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba agudizaron el bloqueo, dice. «Para colmo, llegó la pandemia de la covid-19»

Por entonces, la maquinaria para prestar servicios de preparación de suelos, siembra y cosecha que poseía la Empresa Agropecuaria Guatemala (actualmente Empresa Agroindustrial Municipal Mayarí) fue golpeada por la falta de piezas y partes. Como resultado de ello, de las seis cosechadoras conque comenzaron, solo dos están en explotación.

Ante esa realidad, se impone la pregunta: ¿Cómo es posible hablar de reimpulso productivo si problemas que marcaron los retrocesos de años anteriores se mantienen o se han agudizado?

«Con flexibilidad. Por ejemplo, hay casos como el de Adrián, quien ha demostrado capacidad organizadora y financiera para adquirir recursos en el país, en mipyme, o por la vía de la exportación, que le permiten hacer producir las hectáreas que explota en usufructo.

«Por otra parte, las autoridades de la Agricultura en la provincia, el municipio y la empresa, estábamos claros de que había un grupo de productores con una o dos caballerías, pero no podían atenderlas bien, debido al alto costo de los insumos y a la disminución de la fuerza de trabajo.

«Propusimos a esas personas una reducción de áreas, con lo que muchos no estuvieron de acuerdo en un primer intento. Seguimos insistiendo y una parte importante aceptó quedarse con dos, tres y hasta seis hectáreas. Las que cedieron, se las dimos a otros productores. Así, con áreas más pequeñas, han estado en condiciones de atenderlas mejor, porque pueden comprar los insumos necesarios.

¿El impacto de la flexibilidad? El incremento de la siembra en la provincia, de manera que entre Mayarí y otros municipios se llegó, al cierre del año, a 724 hectáreas.

Aun con ese salto alentador, no ignora este reportero que el panorama sigue siendo complejo, marcado por la descapitalización de la agricultura cubana, motivo, entre muchas cosas, de que el Estado no pueda garantizar el añorado paquete tecnológico, y los productores deban gestionarlo y obtenerlo en la medida de su capacidad financiera.

Luz verde al «arroz popular»

El llamado «arroz popular» gana espacio en Mayarí. Se debe, asegura Lixán Hidalgo Romero, viceintendente del Gobierno municipal, al interés de las personas por disponer de alimentos por la vía del autoabastecimiento, y así poder enfrentar las dificultades con la llegada de los productos de la canasta familiar normada.

«Como ofrece una solución, estimulamos la siembra y cosecha con esa modalidad, que hoy está presente en 14 de los 19 consejos populares del municipio. Se aprovechan los espacios apropiados para sembrar. Puede ser al pie mismo de la casa o en sitios más distantes».

Mucha gente siembra tres o cuatro cordeles (un cordel tiene algo más de 400 metros cuadrados). La práctica empieza a extenderse hasta pequeñas áreas de montaña con condiciones para el fomento del cereal, como Arroyo Seco, comenta.

Personas que poseen tierras para la cría de ganado o la dedican a cultivos varios y disponen de agua suficiente, también se han reorientado hacia el «arroz popular», seleccionando partes de sus áreas, confirma Ramón Pérez Rojas, delegado municipal de la Agricultura.

De acuerdo con otros directivos del sector y presidentes de cooperativas contactados por Granma, al persistir las limitaciones con los insumos, la gran mayoría de los productores ha dejado atrás la siembra directa y recurre al trasplante.

Explican que así es posible ahorrar fertilizantes y, sobre todo, herbicida. La razón es que cada postura llega al campo con fortaleza y, por tanto, con mayor posibilidad de sobreponerse a las plagas de insectos y a las malas hierbas.

Permanecer al corriente de estos hechos deja una agradable sensación porque revela el impulso que toma en el territorio la producción de alimentos.

Pero Mayarí aún está lejos de aprovechar el potencial en cuanto al arroz, lo cual no solo depende de la adquisición de fertilizantes y otros insumos.

En el territorio sería posible sembrar una mayor cantidad de hectáreas, con la terminación de inversiones planificadas que comprenden reservorios y redes de canales y drenaje.

Si lo anterior es una situación objetiva, que depende de recursos financieros y materiales, también hay que sacar mayor provecho a las condiciones creadas. Entre otras cosas, es imprescindible organizar mejor el uso del agua, para que todos los productores actuales dispongan a tiempo de la que necesitan; coordinar acciones entre la Empresa Agroindustrial y los cosecheros, a fin de asegurar el mantenimiento de canales y otras obras hidráulicas en explotación, y dar paso al proceso progresivo de incorporación a la actividad arrocera de las tierras dadas temporalmente para uso en la ganadería o en cultivos varios.



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