Mejorar la eficiencia del uso del agua en el arroz

Por: Arcadio Ríos, Instituto de Ingeniería Agrícola (IAgric).

16 de enero de 2026

El arroz es un pilar de la seguridad alimentaria mundial, pero su cultivo requiere un alto consumo de agua, un recurso escaso y caro. Tradicionalmente el arroz se cultiva en inundación, un método que garantiza el control de las malas hierbas y proporciona un ambiente estable, pero que consume entre 1,200 y 2,500 metros cúbicos de agua por tonelada de grano producida. En un contexto de cambio climático, escasez hídrica y competencia por el recurso, mejorar la eficiencia es una prioridad global. La eficiencia en el uso del agua en el cultivo del arroz no se logra con una sola solución, sino con un enfoque integrado.

El método tradicional es ineficiente, pues al mantener una inundación constante se producen grandes pérdidas por evaporación, evapotranspiración e infiltración.

Estrategias para mejorar la eficiencia

Manejo del Agua. Lo más común es no mantener inundado continuamente el campo permitiendo que el nivel del agua descienda hasta un nivel predeterminado (usualmente 15 cm por debajo de la superficie) antes de proceder a irrigar de nuevo. Este método reduce las pérdidas y ahorra entre un 15 % y 30 % de agua sin afectar significativamente el rendimiento.

Con el control mecánico de las malas hierbas se logra la eliminación de malezas competidoras de los nutrientes y la reducción en la dependencia de fertilizantes químicos, y en este proceso la remoción del suelo mejora el desarrollo radicular de las plantas, aumentando los rendimientos, todo lo cual produce ahorros de agua del 20 % al 50 %.

También con el riego por aspersión se producen ahorros de agua muy significativos (hasta un 50 %) y es más eficiente el uso de los fertilizantes. Sin embargo, resulta en un mayor costo inicial en infraestructura, requiere un manejo más técnico y puede favorecer el crecimiento de malas hierbas que antes se controlaban con la inundación.

Prácticas Agronómicas. Un campo perfectamente nivelado asegura una distribución uniforme del agua, eliminando charcos profundos y zonas secas. Esto puede reducir el uso de agua en un 10-20 %. La siembra directa sobre los rastrojos del cultivo anterior ayuda a mantener la humedad del suelo y reduce la evaporación. El uso de la tracción animal en áreas pequeñas produce un sustancial ahorro de recursos.

Desarrollo tecnológico y genético. Se han desarrolla variedades híbridas de alto rendimiento y bajo consumo de agua y otros insumos que son más tolerantes a la sequía, a la salinidad y que tienen un ciclo de crecimiento más corto, lo que reduce la duración del riego. Es muy conveniente el uso de sensores de la humedad del suelo, que proporcionan datos en tiempo real para regar solo cuando es necesario. Los sensores permiten la automatización del riego, optimizando al máximo el uso del agua.

Cambiar la mentalidad de los agricultores requiere tiempo y demostración. Las tecnologías como el riego por aspersión o la nivelación implican una elevada inversión inicial y aumentan los costos de mantenimiento y reparación. Otro problema es que se necesita un buen mantenimiento de los sistemas de riego. En Cuba deben implementarse incentivos para el uso de sistemas de ahorro de agua, ya que el productor nunca paga el costo real que asume el Estado en la entrega del agua.



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