“Marcos”, el hombre de “puntería” de la guerrilla del Che

Solapas principales

En 1966 fue llamado por el Comandante Ernesto Che Guevara para formar parte de la guerrilla internacionalista que iría a combatir en algún sitio de nuestra América.

Decisivas cualidades apoyaron su elección: combatiente rebelde, valor personal, hombre de inteligencia, temperamento indómito, destreza para disparar. Su nombre: Antonio Sánchez Díaz.

Quiso la historia y sus coincidencias que naciera un 7 de diciembre, pero del  año 1927, una fecha de patria y dolor cuando muere en combate el Titán de Bronce, General Antonio Maceo, figura excelsa de quien adoptó su nombre.

La finca La Cantera del barrio de San José, en Vueltabajo, en la occidental provincia Pinar del Río fue su “cuna” de origen.

El Tite de la familia

Fue el sexto de 12 hijos de una familia campesina. Lo llamaban Tite. Solo tenía siete años de edad cuando salió a ayudar a su padre en las labores del tabaco. Al duro trabajo en el campo, sumó los estudios hasta el séptimo grado y luego la escuela de Comercio por las noches. Esfuerzo que le forjó un temperamento fuerte y enérgico.

A los 18 años aprendió el oficio de albañilería y fue carpintero-encofrador. Trabajó en la construcción, su deber seguía siendo ayudar a la familia. Amaba la cacería y las armas de fuego, puntería que supo mostrar cuando el momento de lucha lo requirió.

Y a pesar del complejo entorno en que creció, nunca perdió su carácter vivo y alegre. Era dado a las bromas y también dispuesto a los puños cuando se trataba de ofensas o de una injusticia.

Cuando el 10 de marzo de 1952 se produce el golpe de Estado y Fulgencio Batista se instaura en el poder, se suma a las manifestaciones de protesta y participa en acciones de sabotaje.

Según cuenta su hermana Cristina Sánchez Díaz, para Tite la juventud era el futuro de la Patria; por ellos y por el ideal de una Cuba mejor luchaba.

El Pinares del Ejército Rebelde

Decidió subir a la Sierra Maestra y después de cobrar el salario de una semana, sin decir a dónde iba, salió para Oriente y se internó en las montañas siguiendo los pasos de Fidel. Su búsqueda resultó infructuosa, pero no cejó. Regresó a Pinar del Río y vendió sus herramientas de trabajo, una semana después emprendió nuevamente el viaje y esta vez sí llegó

Lo hizo por voluntad propia. No llevaba referencias. Nadie lo conocía. Pero lo acompañó su mejor credencial: la disposición a defender la causa de su pueblo.

Una vez en la Sierra tuvo que ganarse su estancia en las filas del Ejército Rebelde. No demoró en conquistar su espacio. Se le confió la única ametralladora calibre 30 que existía, por su fuerte complexión y buena puntería, y nunca se separó de ella durante todo un año.

Para entonces ya le llamaban Pinares, por su provincia de origen, nombre que adquirió tan pronto llegó a las filas rebeldes y por el que fue conocido entre sus compañeros de lucha y de trabajo, y por todo el pueblo de Cuba que lo admiró y lo honra.

Marcos en Bolivia

Fecunda vida desarrolló el Comandante Pinares luego del triunfo revolucionario, el Primero de Enero de 1959.

Ocupó diversos cargos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, continuó su superación en centros de instrucción militar y obtuvo la condición de fundador del Primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba, una de sus más grandes alegrías según narró su hermana Cristina Sánchez Díaz.

Pero cuando el Che lo llama a formar parte de la guerrilla internacionalista que combatiría en un país de Nuestra América, sin miramientos aceptó el reto.

Llega a Bolivia el 20 de noviembre de 1966. En esa nueva misión, el intrépido cubano adquiere su otro nombre: Marcos. Allí también demuestra excelentes condiciones y experiencia de guerrillero. Fue designado jefe de la vanguardia y luego de la retaguardia.

El 2 de junio de 1967, mientras acompañaba al boliviano Casildo Condorí Vargas (Víctor) a buscar alimentos a casa de un campesino, es asesinado durante un choque con el Ejército en el sitio conocido como Peñón Colorado. Al morir contaba con 40 años de edad.

Para su hijo mayor Antonio Sánchez Gil, quien solo contaba con seis años de edad cuando muere su padre, el legado del Comandante Pinares y de todos los caídos con el Che en Bolivia perdurará, y el compromiso será contribuir, desde el internacionalismo, con los procesos revolucionarios que hoy se gestan en América Latina.