Casildo Condorí Coche, el otro aymara de la guerrilla del Che

Solapas principales

La noche del 17 de abril el grupo de la retaguardia se separó de la columna comandada por Ernesto Che Guevara. A los ocho hombres del grupo inicial se sumaron otros tres combatientes, entre ellos Tania la Guerrillera, aquejados de fiebre alta y cólico de las vías biliares.

El Negro, médico peruano, quedó a cargo de los enfermos. El Che había ordenado hacer una exploración por la zona, impedir el movimiento excesivo del ejército y esperarlo durante tres días sin combatir frontalmente hasta su regreso, pero durante largos días de búsqueda mutua ambos grupos estuvieron próximos sin llegar a verse más.

Ante las evidencias de la presencia del grupo insurgente en la zona, el ejército comenzó una operación de rastreo.

Meses después, Casildo Condorí Coche, el Víctor de la guerrilla, junto a otros compañeros, salieron de exploración y a buscar alimentos. Marchaban confiados por la senda antes recorrida sin novedad y cayeron en una emboscada tendida por las tropas enemigas. Solo tenía, al morir, 26 años de edad.

Nació el 9 de abril de 1941 en Coro Coro, provincia Pacajes del departamento de La Paz, en Bolivia. Pertenecía a una humilde familia de siete hijos. Estudió en La Paz y fue al seminario de los curas hasta el tercer grado de la enseñanza secundaria. Pero no pudo continuar. Había que ayudar al padre en la panadería y en la conducción de un camión.

Fue trabajador minero, sufrió en carne propia los abusos y el permanente despojo que sufrían esos obreros. Ello moldeó su carácter. Llegó a ser fundador y primer secretario del Comité Local del Partido Comunista de Bolivia en su pueblo natal.

Cuenta su hermana Matilde que era un muchacho bajito, de tez clara y muy inteligente. Hablaba aymara como la madre. Nunca salió de Bolivia. A nadie dijo que se iría a la guerrilla.

Para Faustino, el padre, Casildo fue “el mejor de mis hijos, el más capacitado. Me ayudaba en el trabajo. Los vecinos lo llamaban el rojo” (…).

Su cuñado también lo describe como hombre “inteligente, tenía el temperamento de los aymaras y también era dado a las bromas”. Incluso, dijo comprender “su sacrificio de tomar el camino de la lucha armada”.

Entre sus pertenencias, sus familiares encontraron libros y folletos con escritos de Fidel Castro y Mao Tse Tung. Cuentan que hasta tenía un afiche de Fidel pegado a las paredes del humildísimo cuartito donde vivió junto a su esposa y tres hijos, de los cuales dos de ellos murieron en una misma noche, enfermos de escarlatina.

Se había unido a la guerrilla en febrero de 1967. Participó en varios combates. El Che lo calificó como muy “trabajador y empeñoso”.

Al producirse la escisión de la guerrilla, se incorpora a la retaguardia. Cae en una emboscada y muere en la zona de Bella Vista, el 2 de junio de 1967, mientras cumplía una misión de aprovisionamiento y reconocimiento.

Hombre sencillo y revolucionario, ejemplar, Casildo, el Víctor de la guerrilla del Che, dio su vida por la causa que consideró más justa: la de ofrecer a los hombres y mujeres de su pueblo, presos de una opresión histórica, un poco de bienestar y de felicidad; lograr que los niños no murieran, como sus hijos, por falta de atención médica.