La luz de la Plaza

Solapas principales

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Por: 
Granma

La palabra de Fidel le dio paso al sol, como una luz que se anticipa al alba y que está libre de sombras. Fidel estuvo en la Plaza, sí, y nos habló. A las siete en punto, el concepto de Revolución, inmortalizado por el Comandante en Jefe, dio la señal de avanzada para que una vorágine de rostros, banderas y consignas dignificaran a la Patria en el desfile de los trabajadores cubanos, que es también el pase de revista a la voluntad de todo un pueblo.

De batas blancas iban los primeros, que se fundieron al rato con los maestros para hacer de los dos bloques una masa indisoluble: en Cuba hay hospitales que son escuelas, y esos pasearon henchidos esta primera mañana de mayo, conscientes de que son garantes del relevo, de que son continuidad. La procesión, entonces, fue guiada por las más grandes conquistas revolucionarias a lo largo de estos 60 años; y luego de los médicos y educadores continuó la avalancha de piernas y de gargantas claras, enfiladas a dar un sí por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo.

Pasaban a quemarropa cientos de imágenes que ameritarían ser alimento para la crónica de este 1ro. de mayo. La pequeña Deyanira, por ejemplo, quien, encaramada en los hombros de su padre, lanzó al viento un mensaje de la mayor contundencia posible: «Soy una niña feliz»; o el impactante reclamo «¡Liberen a Lula ya!», delineado con labial en el vientre de una embarazada.

Las interminables delegaciones de trabajadores llevaban en alto a los próceres de la Patria: Fidel a la vanguardia, recurrentemente hecho palabra en la frente de los niños. Los jóvenes también pululaban entre la inmensa caravana de obreros y familias, al tiempo que daban fe de una conciencia revolucionaria multigeneracional y solidificada.

Así, el Día internacional del proletariado resultó tribuna a cielo abierto para que los cubanos todos alzaran la voz ante la política atroz de la administración Trump y de la escalada de la derecha en América Latina. Muchos de los trabajadores que poblaron la Plaza se hicieron acompañar de mordaces caricaturas y mensajes contra el Gobierno de ee. uu., que persigue aplicar el Título iii de la Ley Helms-Burton, al hacerse públicas las amenazas norteamericanas de constreñir el cerco económico-financiero a la Isla, y luego de la reciente intentona golpista al hermano pueblo de Venezuela.

Pancartas como «Trump y Hitler, la misma cosa» y «¿Título iii? ¡Desaprobado!», reafirmaron el espíritu combativo y la conciencia política de nuestra gente. El asfalto de la Plaza de la Revolución fue arrollado por mambises de estos tiempos, armados de una pujanza que sensibiliza hasta al más apático de los hombres. Bajo la mirada pétrea del Apóstol, conmovía ver a casi un millón de cubanos caminando en un mismo sentido, denunciando las mismas patrañas del imperio, disponiendo sus vidas al servicio de la defensa de su tierra.

Y el desfile se acomodó precisamente hacia donde el sol burló las primeras nubes, unos minutos después de que la imagen del líder histórico ofreciera una simbólica voz de mando. Y los obreros caminaron hacia la lumbre con la vista hacia el Martí de mármol de la plaza, quizá reescribiendo aquella solemne frase del Apóstol: «De ley se han de hacer los hombres, y deben dar luz».

Publicado: 
Thursday, May 2, 2019 - 12:30

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