Inocentes

Solapas principales

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Por Angélica Paredes López

El 27 de noviembre de 1871 fue, es y será símbolo de la dignidad y de la firmeza de espíritu que tiene la juventud cubana.

En la zona que hoy comprende la calle Jovellar, desde Espada hasta Marina, en el actual municipio de Centro Habana, se hallaba en 1871 el cementerio Espada.

El 23 de noviembre de ese año unos estudiantes del primer año de Medicina se entretuvieron en jugar a la entrada del camposanto. Cuentan que cuatro de ellos cogieron el carro destinado a transportar cadáveres a la sala de disección. Otro arrancó una flor del jardín.

Sin embargo, acusados de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón, los universitarios fueron sometidos a un sumarísimo consejo de guerra. Gracias a los argumentos del abogado defensor, Federico Capdevila, quien demostró la inocencia de los acusados, las sentencias fueron leves. Pero, los voluntarios se insubordinaron y los jueces emitieron un segundo dictamen dentro del mismo juicio.

Ocho estudiantes fueron sancionados a la pena de muerte por fusilamiento: Alonso Álvarez de la Campa, por haber arrancado una flor; Ángel Laborde, Anacleto Bermúdez, José de Marcos Medina y Juan Pascual Rodríguez, por jugar con el carro de los cadáveres. Los restantes se seleccionaron por sorteo: Eladio González, Carlos de la Torre y Carlos Verdugo, quien por una de esas ironías no se hallaba en La Habana el día de los hechos. Otros 35 estudiantes fueron condenados a diversas penas de cárcel.

Los Ocho estudiantes fueron fusilados a las cuatro y veinte minutos de la tarde del 27 de noviembre, en la explanada de La Punta, frente al Castillo de los Tres Reyes del Morro, en La Habana. La manera en que los obligaron a enfrentar la muerte fue humillante. Los vendaron, les ataron las manos a la espalda y los obligaron a ponerse de rodillas. Para hacer más dramático el crimen, los fueron ejecutando de dos en dos.

Un año más tarde, en 1872, circuló en Madrid una hoja impresa titulada El 27 de noviembre de 1871, escrita por José Martí y firmada por Fermín Valdés Domínguez y Pedro de la Torre Madrigal, dos de los estudiantes detenidos. Esa noche su autor, que en ese momento solo contaba con 19 años de edad, pronunció un emocionante discurso en homenaje a los Ocho Estudiantes de Medicina asesinados en La Habana por el poder español. Después se conoció un bello poema titulado A mis hermanos, donde Martí expresó en dos de sus fragmentos:

En 1873 el ciudadano español Fernando de Castañón, de 26 años, hijo menor de Gonzalo de Castañón, viajó a La Habana y visitó la tumba de su padre. El joven declaró que el panteón no había sido dañado. De esta manera, se corroboró que los jóvenes eran inocentes.

Antes de ser asesinados el 27 de noviembre de 1871, los Ocho estudiantes de Medicina expresaron que se preparaban para salvar vidas y confesaron su amor a Cuba

Aquellos ocho médicos cercenados por el odio colonial solo cometieron el «gran pecado» de querer a su Patria.

Evocar y recordar eternamente a quienes sufrieron con dignidad aquel sacrificio es también una manera de enaltecer la profesión médica, profundamente humanista en Cuba.

 

 

 

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